Suiza: otro modo de hacer las cosas

Junto con Noruega, Suiza es el único país continental que ni pertenece ni desea pertenecer al club de la Unión Europea. Aunque sí que pertenece al llamado Espacio Shengen de libre circulación de personas, bienes y servicios, los suizos siempre han tenido muy claro que no quieren ceder ni una migaja su soberanía, cuya configuración política se ordena mediante 26 autonomías o cantones en los cuáles los ciudadanos tienen la posibilidad de participar directa y activamente en la política. De hecho, los ciudadanos suizos han manifestado su negativa a integrarse en el proyecto europeo hasta en dos ocasiones mediante referéndum. La última, en 2001, contó con la negativa del 77% de la población. Además, la constitución de Suiza es la más antigua del mundo después de la de Estados Unidos, al haber sido redactada en el año 1848.

Pero el peculiar estado de ánimo suizo no pertenece sólo a sus banqueros. En otro referéndum reciente celebrado en noviembre de 2013, sus ciudadanos votaron en contra de la llamada ley 12:1. Una limitación de los salarios elevados según la cual, se redactaría una ley por la cual los salarios más elevados de una empresa sólo podrían ser doce veces más altos que el salario más bajo. La ley fue rechazada por el 65% de los encuestados. La propuesta, impulsada por el Grupo Socialista, se propuso a consecuencia del llamativo contraste entre la crisis económica (cuyo impacto ha sido más moderado en Suiza) con los enormes sueldos de las multinacionales.

Suiza es muchas cosas. Es sinónimo de calidad de vida, puntualidad, navajas, bancos. Desde luego, la banca privada ha tenido mucho que decir en la gestación de este curioso fenómeno, de esta pintoresca negativa a pertenecer a la UE de un país en el que se habla alemán, francés e italiano y que además está ubicado en pleno corazón continental y limítrofe con potencias como Italia, Francia y Alemania. Y es que, Suiza, por encima de otras muchas etiquetas, es también el paraíso fiscal más popular del planeta. Se estima que alrededor del 12% del PIB suizo proviene de los negocios financieros y, claro, formar parte de la UE, entre otras cosas, supondría terminar con ciertas de las exclusividades que tanto atraen a los clientes que depositan sus ahorros en un banco suizo. No obstante, desde principios de 2013, los ministros de Finanzas de la Unión Europea mantienen negociaciones con Suiza, Liechtenstein, San Marino, Andorra y Mónaco con el objetivo de que estos países eliminen el secreto de sus cuentas bancarias y entreguen datos relativos a sus clientes para así poder combatir mejor la evasión fiscal.

En la actualidad, Suiza está llevando a cabo procesos para tratar de evitar el lavado de dinero dentro de sus fronteras, entre los que se encuentra el establecimiento de un límite (ahora no existe) para pagos en efectivo de 100.000 francos (81.000 euros) y la creación de una figura legislativa que identifique los delitos de fraude fiscal de forma similar a como están tipificados en los ordenamientos del resto de países de la Unión Europea.

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