Salario mínimo interprofesional en España, Francia y Grecia

La mayoría de las potencias del Viejo Continente posee un salario mínimo para que el trabajador pueda sobrevivir a final de mes. Curiosamente, una de las regiones más fuertes de la Unión Europa carece de este instrumento: Alemania no lo ha legalizado todavía, aunque un 83% de los ciudadanos bávaros desea que se apruebe una cuantía de 8,50 euros por hora en todo el país.

El salario mínimo no es homogéneo en toda la Unión; depende de la situación financiera de cada país, concretamente de tres indicadores: el IPC, la productividad media nacional y el aumento de la participación del trabajo en los ingresos nacionales. Estos índices, más el comportamiento interno del país, establecen el salario mínimo, que en España está fijado en 752,85 euros. A pesar de la situación tan delicada que vive la economía, el Gobierno ha ido aumentando poco a poco cada año la cuantía (desde 1999 hasta 2013 solo ha sufrido una congelación, de comienzos de 2011 a final de 2012; permaneció en los 748,30 euros).

El caso de Francia es muy distinto. El salario mínimo galo es uno de los más altos de la Unión Europea: casi dobla la cantidad que cobran sus vecinos del sur, con 1430,22 euros. En el peor año de esta retribución, 2006, en el que experimentó una bajada, la cuantía fue de 1.217,88 euros, frente a los 631,05 euros percibidos por un operario español en el mismo ejercicio.

El comportamiento de Grecia ha sido muy similar al de España hasta el año pasado y, por lo tanto, muy distinto al de Francia. La historia del salario mínimo interprofesional griego ha sido siempre positiva, con subidas anuales por parte del Gobierno hasta 2012, cuando se marcó una cantidad de 876,63 euros. Pero la situación económica del país, y la necesidad de ahorrar y recaudar más, llevó al Estado a aprobar en 2013 una remuneración sensiblemente más baja: 683,76 euros. Así, se produjo un retroceso equivalente a ocho años.

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