¿Qué son las acciones al portador o bearer shares?

En una sociedad anónima, se conoce como acciones al portador o bearer shares aquellos títulos en los que no figura el nombre del propietario y únicamente su posesión acredita la participación en una sociedad. Por lo tanto, son títulos libremente transferibles, es decir, el traspaso de un dueño a otros se reduce a la entrega del título por lo que, al evitar cualquier tipo de burocracia o intermediarios, no queda rastro a nivel administrativo de dichos traspasos y evita, por ejemplo, pagar el impuesto de transmisiones.

Los bearer shares se diferencian de los títulos nominativos precisamente por ese carácter anónimo y confidencial. En el caso de las acciones nominativas, el propietario debe estar plenamente identificado y para realizar cualquier transmisión es necesario hacer una cesión formal que quede registrada en el libro de registro de los accionistas que tienen la sociedad.

Ahora bien, aunque aparentemente las acciones al portador parezcan mucho más ventajosas que las nominativas por su fácil traspaso y su confidencialidad, existen una serie de inconvenientes para los accionistas que dispongan de estos títulos.

Debido a su opacidad, las acciones al portador son polémicas puesto que pueden ser usadas para evadir impuestos, blanquear u ocultar capitales. De ahí que estén altamente cuestionadas por organismos internacionales como, por ejemplo, la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que, en su lucha contra el blanqueo de capitales y la evasión fiscal, ha ejercido presión sobre los gobiernos de determinados países para evitar ser incluidos en las listas de paraísos fiscales. Un ejemplo es Panamá, cuyo gobierno, en su esfuerzo por mejorar la imagen del país en su lucha contra el fraude fiscal, está tramitando una ley que, en dos años, inmovilizará las acciones al portador.

Por lo tanto, el principal obstáculo al que se enfrentan los titulares de acciones al portador es, precisamente, su mayor control judicial. De hecho, cada vez más bancos son reticentes a aceptar cuentas de acciones al portador, mientras que otros exigen conocer el nombre del titular con el fin de evitar perder el control de las transacciones. Pero, como en todo, hecha la ley, hecha la trampa. Aunque este tipo de acciones están en desuso, existen artimañas para evitar las trabas legales como, por ejemplo, crear falsos titulares. Los conocidos como “nominee director”. Pero eso, es otra historia.

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